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miércoles, 9 de noviembre de 2016

El encanto de Los Cedros

Entre los pobladores de la parroquia Los Cedros, en el municipio Rafael Rangel, hay una historia que ha ido pasando de generación en generación. Un productor de la zona muy amablemente nos la relató:
“Aquí en Los Cedros hace algunos años vivían dos hermanos solos en una casa. Eran conocidos como la niña Toña y el niño Toño, eran dos personas mayores que nunca se casaron ni tuvieron hijos”.
“El niño Toño no salía, sólo salía al frente de casa a recoger leña. Una tarde, como a las 6, salió y nunca regresó. Todo el mundo lo empezó a buscar y nada que lo encontraban. Por allá al tercer día fue que lo hallaron, como a 3 kilómetros de la casa de él, en un sector que se llama Puente e’tabla”.
“Cuando le preguntaron que le había pasado, él contó que se había encontrado al Encanto que le dicen El Caté, ese es un espíritu que solamente tiene la mitad del cuerpo, ósea que tiene una sola pierna y un solo brazo, y cuando se mete en una quebrada se transforma en una señora muy bonita”.
“Pues resulta que El Caté lo fue llevando de quebrada en quebrada, hasta que el niño Toño cuando estaba entre Isnotú y Betijoque se aferró a un escapulario y se logró alejar”, finalizó el productor local.
Quienes recorren a pie estos terrenos deben tener cuidado de no toparse con algunos de los Encantos que habitan en esta tierra mágica.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Maculu

En aquella noche tormentosa el niño que había nacido sin suerte se sentía asustado, sus manos sudaban, sus ojos grandes y negros inspiraban terror a todo aquel que se atreviera a mirarlo. Maculu tenía ya 10 años, pero su mal aspecto lo habría hecho confundir con un viejo mendigo. ¿Cómo habría podido llegar ese niño tan pequeño a una situación tan tenebrosa?
Se oían gritos de desesperación, los corazones latían aceleradamente, las extremidades se sentían temblorosas e inmóviles al mismo tiempo; el mal invadía el pueblo, todos sentían que sus vidas acabarían en unos minutos, unos se aferraban a su religión, otros trataban de pensar en la solución más astuta para escapar de aquél peligro, unos pocos corrían en busca de refugio. Solamente Maculu estaba a la intemperie y nadie se atrevía a ayudarlo pues todos sabían que él era el causante de la desgracia.
Una gran masa arrasaba con todo lo que se encontraba a su paso, no se distinguía que era, o quienes eran, la vieja Florencia asegura que eran demonios en busca de diversión; pero nadie le cree, todos prefieren pensar que el río se les vino encima por las fuertes lluvias. El niño Maculu sí sabe lo que se les viene, él conoce su destino, se aferra con todas sus fuerzas a un tronco; sus dedos sucios intentan sujetarse, tanto sus manos como sus piernas están enrojecidas por las estacas de lo que una vez fue un fastuoso árbol.
¡Ahí viene la masa destructora! Nadie la ve venir con claridad, los más inteligentes comienzan a pensar si no será producto de una alucinación, el estruendo es indiscutible, pero podría ser la tormenta ¡Son demonios malditos! Gritaba Florencia desde su balcón... CONTINUARÁ

viernes, 23 de mayo de 2008

Cuando yo era chama...

Cuando yo era chama me encantaba ver la serie animada Pokemon, todos los días a las siete de la noche me sentaba frente al televisor y disfrutaba de su trama, de las peleas y del valor de la amistad que ahí se hacía presente.
Cuando yo era chama me encantaba jugar a la peluquera, peinaba a mis primas y a mi tías, no lo hacia muy bien; ¡pero como me divertía!. Mientras hacía mis labores de esteticista me tomaba una malta que recuerdo compraba en 100 bolívares y cuando mi mamá estaba de buenas me daba 20 Bolívares más para una galleta “Sorbetico”.
Cuando yo era chama en ocasiones me obligaban a ponerme unos vestidos horribles, largos y calurosos que me causaban piquiña pero según mi familia me hacían ver linda y tierna, debía acompañarlos con unos zapatos negros brillantes y unas fastidiosas medias panty con el dibujo de “Minnie Mouse”. Y por si fuera poco además debía utilizar  medias cortas con unos lazos grandes y encajes.
Cuando yo era chama las navidades eran la mejor época del año, yo era la consentida y mis tíos me daban regalos, unos más grandes que otros; pero todos divertidos y bonitos. La noche del 24 de diciembre aguantaba mucha hambre pues no me gustaban las hallacas por tanto aliño que tenían, el pan de jamón tenía esas horribles aceitunas y las ensaladas los vegetales que tanto odiaba.
Cuando yo era chama me gustaba pasar el tiempo con mi abuela paterna, quien me contaba historias de cuando mi papá y mis tíos eran pequeñitos. Me gustaba mecerme en el columpio que fue hecho exclusivamente para mí, pasaba ahí horas enteras, me resultaba muy entretenido. Cuando yo fui chama fui muy feliz pues me divertí y aprendí bastante.

Soy un zapato

Luego de una noche fría metido en un closet, apilado junto a los demás compañeros esperaba ansioso a que fueran las siete y media de la mañana, quería saber si yo sería el elegido para ese día.
Son las siete y veinte ¡Bingo! Mi dueña se ha despertado temprano, luego que oigo como se levanta y se ducha llega el momento de la verdad, abre el closet y mira que ropa ponerse. Si escoge la blusa azul de encaje seguro que hoy me elige a mí.
Perdí toda esperanza de ser usado cuando se puso la blusa color café; pero ¡Oh, Sorpresa!, me escogió a mí, ¡Un momento! ¿Qué pasa?, ¡Por Dios! Mi compañero derecho no aparece, ¿Dónde estará ese tonto?, ¡Qué alivio, apareció! Me introducen el pie, ¡Que frío esta! Y ahora preparado para un día de trabajo.
Tacón, punta; tacón, punta; ¡Que bien hago mi trabajo! Mi dueña ha llegado a su sitio de labores, ahora me toca quedarme quieto y lucir bonito.
Son la diez y media de la mañana y ¡Ay no! Llego la rubia Lucía, mis compañeros me han dicho que ella siempre nos quiere probar para ver como le lucimos. ¡Ahí voy! Mi dueña me saca de su pie y ¡Oh por Dios! ¡Que pies tan feos tiene Lucía! Me prueba y no es por criticar pero huelen mal. Volví al pie de mi dueña, ¡Que alivio!
Son las seis de la tarde y es hora de volver a casa, tacón, punta; tacón, punta; ¡Conchale vale! ¿Te tenías que meter por un charco? Me moje todito, menos mal que ya vamos a llegar.
Tacón, punta; tacón, punta; ¡Cuidado, cuidado, un chicle! ¡Pero bueno niña! ¿No te lo advertí? Ahora me va a costar más hacer mi trabajo pues me quedo pegado al suelo.

¡Al fin llegamos a la casa! Me quitaron del pie y me pusieron nuevamente en el closet, ahora a descansar y a esperar de nuevo que sean las siete y media de la mañana para ver si me eligen.